jueves, 14 de junio de 2012

El caso contra los peajes


Nos guste o no las carreteras hay que pagarlas.  Este hecho genera dos preguntas fundamentales de política pública: quién las debe pagar y cuál debe ser el mecanismo de cobro.  La respuesta a la primera no es difícil, las calles deben pagarlas quienes las utilizan.  La respuesta a la segunda no es tan simple.  Por su naturaleza, las carreteras son bienes públicos, y la forma eficiente de cobrar por el uso de bienes públicos es un asunto que se las trae.

Podría pensarse en dos tipos generales de formas de cobro:  Cobro directo, lo que en términos generales se conoce como peajes; y cobro indirecto, lo que usualmente toma la forma de un impuesto por cada litro de combustible.  El reciente “boom” por concesionar no solo la construcción, sino también la administración/operación de carreteras,  tiene implícito una forma directa de cobro.  Esto me hace temer que en adelante nuestro país se irá decantando por esta modalidad de pago.  En mi opinión, lo anterior constituiría un grave error por una serie de motivos que procedo a exponer.

En primer lugar aclaremos por qué una carretera, y más en general la red vial nacional, es un bien público.  Los economistas calificamos a un bien como público cuando cumple 2 características: i) es no rival, es decir que su consumo por parte de un individuo no impide que otros también lo consuman;  y  ii) es no excluyente, lo cual indica que no se puede impedir su aprovechamiento por parte de los usuarios potenciales.  Claramente la red vial nacional cumple con estas dos características. 

El cobro directo de una carretera por medio de peajes elimina la segunda característica mediante el establecimiento de berreras físicas, entiéndase casetas de peaje.  Con lo cual esa porción específica de la red vial nacional deja de ser un bien público. Estas barreras físicas tienen varios inconvenientes.

En primer término incrementan los tiempos de traslado.  Basta preguntar a quienes a diario utilizan la General Cañas, la Prospero Fernández , la Florencio del Castillo o la Bernardo Soto.   También sucede que las barreras se establecen con criterios que nada tienen que ver con agilizar el tránsito de los usuarios y si con tapar posibles salidas para que “sean los menos los que se escapen”, incluso si esto genera que muchos tengan que dar vueltas de 5 km por trayectos que podrían ser de 500 metros.

Por otra parte produce asimetrías en la distribución del costo de la carretera.  En casos como el de la Prospero Fernández es clarísimo.  Quienes van a Escazú pagan cero;  quienes van a Ciudad Colón pagan ¢900 (ida y vuelta) a pesar de que la carretera es la misma que usaban antes; quienes van de Atenas a Pozón pagan también ¢900 a pesar de que su trayecto si es una carretera nueva…  Además toda esta gente que usa la ruta 27 está pagando doblemente por la carretera.  Se les cobra la misma cantidad de colones por litro de combustible por concepto de impuesto para carreteras y además deben pagar los peajes.

En un país pequeño como Costa Rica asilar porciones de la red vial es ineficiente.  Siempre se requerirán salidas y entradas que harán elevadísimo el costo de hacer exclusivo el uso del trayecto.

En síntesis, tratar de imprimir la característica de excluyente a un bien inherentemente público como la red vial nacional, genera una serie de complicaciones absolutamente innecesarias que se evitarían si el cobro se hiciera como lo pensaron los abuelos, indirectamente vía el tradicional impuesto a la gasolina.

El cobro vía combustible evita establecer barreras físicas, los traslados se hacen más rápidos y no hay que supeditar el diseño de salidas un entradas a lo caro o barato que sale colocar las casetas de peaje.   Además, cobrar de esta forma es más justo en el sentido de que paga proporcionalmente más  el que más circula y cuyo vehículo daña más las calles.  Incluso, vía gasolina se castiga al carro menos verde y se premia al más verde.

Los peajes deberían reservarse para otro tipo de fines.  Por  ejemplo para internalizar el costo de las externalidades negativas que causan las presas en horas pico.  Eso se hace cobrando por el acceso a zonas altamente transitadas a las horas de mayor tráfico. 

Para pagar las carreteras  ya tenemos la herramienta adecuada.  El problema es que es impopular subir impuestos.  Políticamente es una mejor estrategia joder en grande a un grupito que subirle  dos pesos a la gasolina de todos.  Sin embargo es claro que a nivel país es mucho más eficiente hacer el cobro de un bien público como las carreteras de una forma indirecta.  



Pdt:  

Recién me entero de otra de las “joyitas” que nos metieron con la ruta 27 y que todos los que usamos ocasionalmente o a diario esa calle tenemos que pagar.  Esa concesión está otorgada por valor presente neto.  Esto en términos sencillos significa que el concesionario cobra hasta que recauda el valor “descontado” de lo que cuesta la calle más cierta ganancia.  Pues bien, dentro de los flujos que se descuentan para saber cuándo deja de cobrarse el peaje, se metió un ajuste por “riesgo de tránsito”.  Es decir, como las estimaciones de cuántos carros van a pasar por ahí son solo aproximaciones, existen un riesgo de que pasen menos carros, ese riesgo tiene  un costo,  ese costo se suma al valor de la calle y lo terminamos pagando los  usuarios de la vía.   Ese riesgo no existe cuando se paga la calle vía impuesto a la gasolina.  Es decir, la genialidad de decidir cobrar la calle vía peajes crea un costo adicional a lo que es propiamente lo que vale construir la calle.  Así nos majamos los ticos los zapatos…

lunes, 13 de febrero de 2012

La experiencia de abrir una cuenta bancaria en Tiquicia


¿Qué necesito para abrir una cuenta en dólares? Fue mi inocente pregunta en la agencia del BCR Mall San Pedro el día 1.  Claro está, eso fue luego de unos 20 minutos de esperar a ser atendido en la “plataforma de servicios”.  El sistema electrónico de fichas estaba fuera de servicio y las fichas al estilo ferretería Brenes se habían acabado.  Así que los clientes estábamos ahí esperando a que el guarda no perdiera el orden en que fuimos entrando…  ¡Las facilidades del siglo XXI!

1) Cédula de identidad, 2) Orden patronal y 3) Recibo de servicios públicos (con toda una serie de complicaciones en caso de que uno viva en casa alquilada).  Eran los tres puntos específicos que enumeraba el papelito que me dio el guarda luego de que el “ejecutivo” me refiriera a él para que evacuara mi duda. 
“Mire pero yo soy cliente desde hace 6 años, acá me depositan el salario cada 2 semanas”, le indiqué al ejecutivo.  “No importa, los requisitos son los mismo”, me respondió…

El día 2 copié mi cédula, mi orden patronal e imprimí el último recibo de celular que me mandó el ICE.  Como la patita que va al mercado a hacer las compras del mandado, me fui con todo listo a abrir mi cuenta.  El sistema electrónico de colas seguía malo, pero al menos si habían fichas en la maquinita anaranjada.   La espera se hizo más larga, unos 25 minutos.  Tedioso considerando que ni siquiera lo dejan a uno leer el libro electrónico del celular para matar el rato.  Me jaló el aire el guarda y era caso perdido indicarle que solo leía un libro.

Finalmente mi turno.  “Hay muchacho, ¿este recibo lo imprimió usted?” fue la pregunta que me lanzó la ejecutiva.  “Si, es el que el ICE me mandan al email cada mes”, le respondí.  “Esto no le sirve para abrir la cuenta”, “¿por qué?”, “porque no es oficial, no tiene ni un sello”.  Luego de insistir por un rato y hacer ver a la muchacha que no tenía sentido el no permitir ese tipo de recibos, decidió aceptarlo.  Eso hasta que se dio cuenta que el tal recibo no tenía mi dirección física… Ese si fue un obstáculo insalvable.  Por más que le mostré que en el papelito que el guarda le da a todos los clientes no dice, por ningún lado, que el recibo debe tener la dirección, fue imposible que me lo aceptara.  Al final, me indicó que al frente de la agencia bancaria está una agencia Kölbi y que ahí me podían dar el recibo que ocupaba.  “Ok, ¿pero tengo que hacer la fila otra vez?”,  “Si”…

Día 3.  Resignado, paso primero a la agencia del ICE y pido una copia de recibo.  El representante de información me pregunta “¿Para qué la ocupa?”, le respondo que es para abrir una cuenta en dólares en la agencia BCR del frente.  Así que me imprimió, en un papel bond, algo que indicaba mi nombre, mi dirección física y ni número de celular… no había montos, cargos o nada que se le parezca.  En dos platos no era ningún recibo.  Pero bueno, tenía un sellito en tinta negra que le puso el funcionario del ICE, mismo que me indicó “ahí tiene macho, con eso le abren la cuenta”

Con ese papelito, y luego de otros 15 minutos de espera, efectivamente no tuve problemas para abrir la cuenta. 

Dentro de lo tragicómico de toda la historia.  Lo que más me llama la atención es que ahora sea el ICE el certificador autorizado de la dirección física de la gente, aún cuando esta certificación asocie una dirección física con un número de teléfono móvil, ¿irónico o estúpido?  Cosas que pasan cuando a los trabajadores les amputan la iniciativa de pensar por si mismos

martes, 10 de enero de 2012

Expectativas adaptativas o falta de competencia

El fin de semana anterior recibí la tradicional convocatoria para la asamblea general de condóminos de la urbanización en donde vivo.  Usualmente soy sujeto pasivo en este tipo de actividades por lo tediosas y largas que son.  Sin embargo en esa ocasión la administración adjuntó una propuesta de presupuesto para el año 2012 que decidí ojear.  Lo primero que me llamó la atención fue ver que se presupuestaba un aumento del 4% al salario de los empleados de planilla.  Inicialmente consideré curioso que se estuviera alineando el aumento de salarios con la meta de inflación del BCCR para el 2012.  Sin embargo al seguir ojeando me di cuenta de que aquel 4% era el aumento solo para el 1er semestre, para el segundo semestre se proponía otro 4%...  Es decir, los señores de la administración pretenden aumentar un 8,16% el salario de los empleados de planilla durante el 2012. Posteriormente me enteré que uno de los supuestos generales de la propuesta de la Administración es una inflación del 8%.  ¿De dónde sale esta cifra?  Lo sabré hasta el día de la asamblea pues en ese momento decidí que si asistiría.  Por el momento tan solo puedo especular razones.

El planteamiento de los señores administradores es apenas un ejemplo más de una buena cantidad de precios que se ajustan con criterios que distan mucho de la variación generalizada de precios de la historia económica reciente de Costa Rica.  Pareciera ser que el buen desempeño del BCCR durante los últimos 3 años en materia inflacionaria (desde mayo de 2009 tan solo se necesita un dígito para describir la variación interanual del IPC) no terminar de calar en la totalidad de agentes económicos.

¿Por qué es importante la expectativa variación de precios que tengan los agentes económicos?  Simple, en el corto plazo esa expectativa es el principal determinante de la inflación efectiva.  Simplificando al extremo una de las teorías de formación de precios más usadas por los economistas, en un entorno competitivo las empresas tratarán de que sus precios no varíen de forma muy diferente a los demás precios de la economía, es decir, tratarán de que los precios relativos de sus productos permanezcan constantes.  Un precio relativo al alza podría implicar perder mercado por efecto de la competencia, mientras que un precio relativo a la baja es probable que no permita cubrir costos crecientes.  Así que, si la empresa A espera una variación general de precios del 5%, es posible que ajuste sus precios en torno a esa cifra.  Si la generalidad de empresas espera una cifra similar y actúan igual que A, efectivamente la variación general de precios terminará siendo cercana a ese 5%.

Los economistas han pasado décadas tratando de explicar el mecanismo mediante el cual los agentes económicos forman su expectativa de variación de precios.  Las teorías van desde los sencillos mecanismos de expectativas adaptativas regidas por el principio de “mirar hacia atrás”, es decir esperar para mañana la variación de precios que se presentó ayer, hasta la célebre teoría de expectativas racionales que básicamente implica una muy buena habilidad de los agentes para predecir el incremento efectivo de los precios.  Si hay expectativas racionales los agentes no se equivocan sistemáticamente en su predicción de la variación de precios.

A pesar de lo académica y teóricamente atractiva que es para los economistas la teoría de expectativas racionales, tengo una tendencia “Santo Tomasina” que me hace dudar seriamente de tal planteamiento.  Existe abundante evidencia empírica que no respalda una formación de expectativas consistente con la “reacionalidad”.  Nada distinto a esa evidencia hemos hallado para el caso de Costa Rica según se puede ver en este documento

Personalmente tiendo a creer que la formación de expectativas en tiquicia responde más a una combinación de tres axiomas.  Cada axioma domina en un determinado producto dependiendo del grado de competencia que exista en la industria respectiva:

  1. Axioma del “vivazo”.  Aplica típicamente en actividades con bajos o nulos niveles de competencia.  El principio es exprimir el excedente del consumidor con una política de precios monopolísticos, oligopolisticos o de cartel.
  2. Axioma ARESEP.  Aplica para aquellos bienes cuyos cambios de precio están sujetos a la aprobación del algún ente estatal (ARESEP, MEIC,etc.)
  3. Axioma “mirar hacia atrás”.  Aplica para las industrias en donde existe un saludable nivel de competencia.  Su mecánica la expliqué un par de párrafos atrás.

Me interesa acá destacar evidencia que respalda la existencia del axioma del “vivazo”.  Como mencioné atrás, desde mayo de 2009 la variación interanual del IPC en Costa Rica es inferior al 10%.  Uno podría preguntarse ¿cuáles de los 292 productos que usa el INEC para construir ese indicador han presentado, desde esa fecha, las variaciones de precio más altas.  Esto es lo que les muestro en el cuadro abajo adjunto.  Para cada producto he tomado la variación interanual desde mayo 2009 (32 meses) y promediado.  Finalmente he ordenado de mayor a menor según tal promedio e incluido en el cuadro los 20 que encabezan ese ordenamiento.


Listo, no hay que hacer más, la evidencia del axioma del “vivazo” salta en amarillo.  Me “encanta” que el gremio médico aparezca pues siempre he sido crítico de las políticas de los colegios profesionales que ponen precios “piso” a sus asociados, ¡nada más anticompetitivo!  Con el agravante, en el caso del colegio de médicos, de que se trata de un servicio con elevadísimas barreras de salida por parte del cliente (cambiar de médico es una decisión que difícilmente alguien tomaría).  Este es, sin duda, el caldo de cultivo perfecto para poner en práctica el axioma del vivazo.  ¡Qué importa que el resto de bienes y servicios suba solo un 5%!  Nosotros, los todopoderosos médicos, nos da la gana subir un 15%... y cuidadito al colega que se le ocurra cobrar menos, a ese lo sancionamos”.

El otro bien que rescato, cuyos aumentos claramente están regidos por el axioma del “vivazo”, es la educación.  Las razones son similares, no es una decisión fácil cambiar a un hijo de escuela o colegio.  Las barreras de salida son elevadas para el demandante y por tanto no existe un ambiente propicio para una verdadera competencia.  De ahí que se observe como las escuelas y colegios privados se acostumbraron a aumentar, en automático, un 10% o más sus tarifas, independientemente de cuánto subieran los demás precios en la economía.

Resulta interesante entonces confirmar que en sectores donde no hay competencia se sigue subiendo los precios alegremente mientras que en sectores más competidos, donde prevalece el axioma “mirar hacia atrás”, la expectativa reflejada en ajuste de tarifas, si bien es reacia a bajar, finalmente parece converger lentamente a la meta del Banco Central.  Cuando el axioma dominante es el de “mirar hacia atrás” es esperable que un proceso desinflacionario tome mucho tiempo.  Y más tiempo aún cuando existe sesgo alcista proveniente de sectores en donde predomina el axioma del vivazo. 

En busca de acelerar un proceso desinflacionario como el que experimentamos actualmente en Costa Rica, las autoridades poco pueden hacer respecto al axioma “mirar hacia atrás”.  De hecho la dominancia de tal efecto es atribuible a un extenso periodo de con inflaciones elevadas.  Sin embargo existe una oportunidad en el desincentivo del axioma del “vivazo”.  Ya es tiempo de que al MEIC se le deje de “pasear el alma por el cuerpo” y haga algo para erradicar las prácticas fijadoras de precio de los colegios profesionales.  La legislación existe, pero no se pone en práctica.  Como en muchos problemas aparentemente sin solución en nuestro país, solo hace falta voluntad política.