martes, 21 de enero de 2014

Salarios mínimos, ¿por qué si?


Al calor de la campaña electoral se ha tocado en repetidas ocasiones el tema de la regulación de salarios mínimos. Tanto la “twitsfera” como la “blogosfera” han seguido el ritmo generando opiniones.  Algunas de esas opiniones son informadas, otras ampliamente desinformadas y, lo que es peor, muchas son mal informadas. Dentro de estas últimas están las típicas de quienes allá en mil novecientos y tanto llevaron un curso en el que algo les hablaron de las señoras Oferta y Demanda.  Y claro, como esas señoras son fáciles de entender, hoy puden sacar pecho y contar que el salario mínimo genera desempleo porque… diay, “oferta y demanda”.  Pues bien, acá les dejo unas líneas al respecto.

Todos habremos oído hablar de monopolios.  Fundamentalmente se trata de una situación en que el mercado de algún bien o servicio se compone de un solo oferente. En un mercado monopólico no existen sustitutos cercanos del producto o servicio y por tanto ese oferente es la única alternativa que tienen los demandantes para satisfacer su necesidad. 

La palabra “monopolio” se ha ganado una connotación negativa, y no gratuitamente.  Cualquier economista le dirá, con más o menos detalles, que un mercado monopólico genera un precio más alto y una cantidad transada menor de la que se daría en una situación de competencia.  Es una situación desventajosa para los demandantes pues pierden con respecto a la situación de competencia; y muy provechosa para el oferente pues gana con respecto a la misma situación de competencia.  Lo más grave es que desde el punto de vista social o agregado hay una pérdida de bienestar debido a que lo que pierden los demandantes es menos de lo que gana el monopolista.  Esta pérdida agregada justifica, desde el punto de vista de optimalidad económica, la intervención del mercado por ejemplo mediante la regulación del precio.

Ahora bien, cuando en un mercado hay un solo demandante y muchos oferentes, y estos últimos no tienen más alternativa que vender a ese único demandante, se tiene una situación equivalente al monopolio que los economistas llaman “monopsonio”.  El monopsonio conlleva a la misma pérdida agregada de bienestar que el monopolio.

Para ir aterrizando en el mercado de trabajo, imaginen una situación donde en cierta área geográfica existen pocos empleadores (demandantes de trabajo) y un amplio grupo de trabajadores (oferentes de trabajo) con habilidades muy específicas.  Este es el caldo de cultivo para que se genere un mercado de trabajo “monopsónico”.  De forma sencilla, si una piñera en la zona sur le paga una miseria a sus empleados, estos ¿para dónde agarran?  En esta situación la cantidad de trabajo contratada y el precio del mismo serían inferiores a los que se darían con competencia.  Además, como se explicó atrás, se generaría una perdida agregada de bienestar.  Bajo estas circunstancias es totalmente justificado, desde el punto de vista económico, la existencia de una regulación de precio que en este caso tomaría la forma de salario mínimo. 

Sería esperable que en áreas urbanas donde abundan los demandantes de trabajo (empleadores) no se presente un mercado de trabajo monopsónico.   Ahí el mercado laboral tendrá más características de mercado competitivo y tanto el precio (salario)  como la cantidad contratada de trabajo tenderán al nivel óptimo.  Un salario mínimo bien establecido acá no tendría ninguna relevancia pues el mercado ubicaría ese precio en un nivel superior respecto a la situación de monopsonio.  Se los pongo de forma más directa, si usted le paga muy poco a su empleada doméstica, tenga por seguro que rapidito otra familia “se la roba” por unos cuantos pesos más.

Si se aplica una regulación de salario mínimo general cuyo nivel sea superior al de mercado monopsónico y no superior al de equilibrio competitivo se corrige la pérdida de bienestar agregado originada en el segmento de mercado monopsónico y no se genera desempleo en el segmento competitivo pues al salario establecido la cantidad demanda de trabajo será al menos tan grande como la ofrecida.

En resumen, sí existe justificación económica que respalda regulaciones de salario mínimo (el monopsónio como falla de mercado)  y no necesariamente un salario mínimo causa desempleo.