miércoles, 13 de marzo de 2013

Un cuento chino más sobre las concesiones

En múltiples ocasiones he consultado por qué un país como Costa Rica, al que el mundo financiero le presta dinero a una tasa cercana al 5%, decide concesionar la construcción y administración de carreteras a empresas cuyo costo de financiamiento supera el 13% (o al menos logran que esa sea la tasa reconocida en los contratos).

Entre las personas en puestos importantes que me han ofrecido una explicación para esta mala decisión de la administración pública,  está el Sr. Ministro de Planificación Roberto Gallardo, a quien de paso agradezco su interacción en la red social tuiter.  El Sr. Gallardo indica que esa diferencia (13% en lugar de 5%) es el costo que se debe pagar para que el Estado libere recursos y los pueda usar en atender otras necesidades.  En otras palabras, dado  que el Estado tiene recursos limitados, es mejor dejar que un tercero invierta sus recursos en la carretera y que el Estado use los propios en atender otras necesidades.   Este argumento, que algunos fácilmente comprarían como razonable, es totalmente falaz y a mí en particular me sorprende que se use en serio.  Veamos por qué.

Como economista uno trata de simplificar los análisis reduciendo las situaciones a su esencia, es decir a usar un modelo de la realidad que conserve los aspectos básicos del problema.  En este caso una simple analogía puede servir.  Supongamos que no se trata de un país que requiere una carretera si no de una familia que necesita ampliar la casa, hacer una cochera por ejemplo.  El (o la) jefe de hogar sería el Estado y el resto de la familia la población.  Para que la analogía sea válida, hay que asumir que todos en la familia trabajan y están obligados pasar una porción de su ingreso al jefe de hogar (algo así como impuestos).

Supongamos también que la familia tiene dos opciones para financiar la construcción de la cochera: 1) pedir un préstamo bancario y con esto pagarle al maestro de obras del barrio la totalidad de la cochera ya terminada.  Llamemos a esto opción llave en mano;  2) dejar que el maestro de obras consiga el préstamo, construya la cochera,  y que le cobre a los miembros de la familia por su uso, llamemos a esto concesión de administración.

Supongamos que el banco al que acude el jefe de hogar a solicitar el préstamo con que pagaría la opción llave en mano observa que en la familia todos trabajan y están obligados a hacer su contribución al jefe de hogar.  Además en el pasado el jefe de hogar ha honrado todas sus deudas.  Incluso el banco conoce que el historial de pago de otras familias, donde todos los miembros trabajan y están obligados a pasar al jefe una parte del ingreso, es casi intachable.  Como consecuencia el banco percibe como altamente probable que el préstamo que tome el jefe de hogar será pagado puntualmente, así que decide cobrarle un interés reducido, digamos 5%.

Por su parte, el banco al que acude el maestro de obras nota que el señor vive solo, nadie está obligado a pasarle periódicamente una porción de sus ingresos y que a otros maestros de obra a veces les va mal en los negocios y terminan sin poder pagar sus deudas.   Así que para compensar esa inseguridad, el banco que financia al maestro de obras le cobra un interés alto, digamos 13%.

Es evidente que la familia tiene otras necesidades que satisfacer (alimentación, vestido, o por ejemplo pintar el techo de la casa).  Ahora bien, según el argumento de don Roberto la opción llave en mano pone a la familia en la encrucijada de decidir si hace la cochera o si por ejemplo, pinta el techo, mientras que la opción concesión de administración permitiría hacer las dos cosas.  Esto es intrínsecamente falso.

Si la familia tiene capacidad de pago para afrontar sus otras necesidades y pagar las cuotas que cobraría el maestro de obras bajo la opción concesión de administración, también puede afrontar sus otras necesidades y pagar el préstamo con el banco que tomaría si opta por la opción llave en mano.  Después de todo las cuotas del banco (al 5%) son más bajas que las del maestro de obras (al 13%).

Dado que la familia tiene capacidad de pago, es decir, con ambas opciones puede cubrir sus otras necesidades y construir la cochera, debería elegirse la opción más barata.  Salvo que el jefe de hogar tenga una amistad fraterna con el maestro de obras o existan otros elementos para decidir, es evidente que debería elegir la opción llave en mano.

En Costa Rica nuestro jefe de hogar (el gobierno de turno) escogió la opción concesión de administración en el caso de la ruta a Caldera (que además tiene el inconveniente de la forma de cobro, asunto que trato en este otro post “El caso contra los peajes”) y ahora va por el mismo camino con la ruta a San Ramón.  Mi única explicación es ingenuidad de parte de nuestro jefe de hogar.  ¿O seré yo el ingenuo?