Al calor de la campaña electoral se ha tocado en repetidas
ocasiones el tema de la regulación de salarios mínimos. Tanto la “twitsfera” como la
“blogosfera” han seguido el ritmo generando opiniones. Algunas de esas opiniones son informadas,
otras ampliamente desinformadas y, lo que es peor, muchas son mal informadas.
Dentro de estas últimas están las típicas de quienes allá en mil novecientos
y tanto llevaron un curso en el que algo les hablaron de las señoras Oferta
y Demanda. Y claro, como esas señoras
son fáciles de entender, hoy puden sacar pecho y contar que el salario mínimo
genera desempleo porque… diay, “oferta y demanda”. Pues bien, acá les dejo unas líneas al
respecto.
Todos habremos oído hablar de monopolios. Fundamentalmente se trata de una situación en
que el mercado de algún bien o servicio se compone de un solo oferente. En un mercado
monopólico no existen sustitutos cercanos del producto o servicio y por tanto
ese oferente es la única alternativa que tienen los demandantes para satisfacer
su necesidad.
La palabra “monopolio” se ha ganado una connotación
negativa, y no gratuitamente. Cualquier
economista le dirá, con más o menos detalles, que un mercado monopólico genera
un precio más alto y una cantidad transada menor de la que se daría en una
situación de competencia. Es una
situación desventajosa para los demandantes pues pierden con respecto a la situación
de competencia; y muy provechosa para el oferente pues gana con respecto a la
misma situación de competencia. Lo más
grave es que desde el punto de vista social o agregado hay una pérdida de
bienestar debido a que lo que pierden los demandantes es menos de lo que gana
el monopolista. Esta pérdida agregada
justifica, desde el punto de vista de optimalidad económica, la intervención
del mercado por ejemplo mediante la regulación del precio.
Ahora bien, cuando en un mercado hay un solo demandante y
muchos oferentes, y estos últimos no tienen más alternativa que vender a
ese único demandante, se tiene una situación equivalente
al monopolio que los economistas llaman “monopsonio”. El monopsonio conlleva a la misma pérdida
agregada de bienestar que el monopolio.
Para ir aterrizando en el mercado de trabajo, imaginen una
situación donde en cierta área geográfica existen pocos empleadores
(demandantes de trabajo) y un amplio grupo de trabajadores (oferentes de
trabajo) con habilidades muy específicas.
Este es el caldo de cultivo para que se genere un mercado de trabajo
“monopsónico”. De forma sencilla, si una
piñera en la zona sur le paga una miseria a sus empleados, estos ¿para dónde
agarran? En esta situación la cantidad
de trabajo contratada y el precio del mismo serían inferiores a los que se
darían con competencia. Además, como se
explicó atrás, se generaría una perdida agregada de bienestar. Bajo estas circunstancias es totalmente justificado,
desde el punto de vista económico, la existencia de una regulación de precio
que en este caso tomaría la forma de salario mínimo.
Sería esperable que en áreas urbanas donde abundan los
demandantes de trabajo (empleadores) no se presente un mercado de trabajo monopsónico.
Ahí el mercado laboral tendrá más
características de mercado competitivo y tanto el precio (salario) como la cantidad contratada de trabajo
tenderán al nivel óptimo. Un salario
mínimo bien establecido acá no tendría ninguna relevancia pues el mercado
ubicaría ese precio en un nivel superior respecto a la situación de monopsonio. Se los pongo de forma más directa, si usted
le paga muy poco a su empleada doméstica, tenga por seguro que rapidito otra
familia “se la roba” por unos cuantos pesos más.
Si se aplica una regulación de salario mínimo general cuyo
nivel sea superior al de mercado monopsónico y no superior al de equilibrio
competitivo se corrige la pérdida de bienestar agregado originada en el
segmento de mercado monopsónico y no se genera desempleo en el segmento
competitivo pues al salario establecido la cantidad demanda de trabajo será al
menos tan grande como la ofrecida.
En resumen, sí existe justificación económica que respalda
regulaciones de salario mínimo (el monopsónio como falla de mercado) y no necesariamente un salario mínimo causa
desempleo.
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