Nos guste o no las carreteras hay que pagarlas. Este hecho genera dos preguntas fundamentales
de política pública: quién las debe pagar y cuál debe ser el mecanismo de
cobro. La respuesta a la primera no es
difícil, las calles deben pagarlas quienes las utilizan. La respuesta a la segunda no es tan simple. Por su naturaleza, las carreteras son bienes
públicos, y la forma eficiente de cobrar por el uso de bienes públicos es un
asunto que se las trae.
Podría pensarse en dos tipos generales de formas de
cobro: Cobro directo, lo que en términos
generales se conoce como peajes; y cobro indirecto, lo que usualmente toma la
forma de un impuesto por cada litro de combustible. El reciente “boom” por concesionar no solo la
construcción, sino también la administración/operación de carreteras, tiene implícito una forma directa de cobro. Esto me hace temer que en adelante nuestro
país se irá decantando por esta modalidad de pago. En mi opinión, lo anterior constituiría un
grave error por una serie de motivos que procedo a exponer.
En primer lugar aclaremos por qué una carretera, y más en
general la red vial nacional, es un bien público. Los economistas calificamos a un bien como
público cuando cumple 2 características: i) es no rival,
es decir que su consumo por parte de un individuo no impide que otros también
lo consuman; y ii) es no excluyente, lo cual indica que no
se puede impedir su aprovechamiento por parte de los usuarios potenciales. Claramente la red vial nacional cumple con
estas dos características.
El cobro directo de una carretera por medio de peajes
elimina la segunda característica mediante el establecimiento de berreras
físicas, entiéndase casetas de peaje. Con lo cual esa porción específica de la red
vial nacional deja de ser un bien público. Estas barreras físicas tienen varios
inconvenientes.
En primer término incrementan los tiempos de traslado. Basta preguntar a quienes a diario utilizan la
General Cañas, la Prospero Fernández , la Florencio del Castillo o la Bernardo
Soto. También sucede que las barreras se establecen
con criterios que nada tienen que ver con agilizar el tránsito de los usuarios
y si con tapar posibles salidas para que “sean los menos los que se escapen”,
incluso si esto genera que muchos tengan que dar vueltas de 5 km por trayectos
que podrían ser de 500 metros.
Por otra parte produce asimetrías en la distribución del
costo de la carretera. En casos como el
de la Prospero Fernández es clarísimo. Quienes
van a Escazú pagan cero; quienes van a Ciudad
Colón pagan ¢900
(ida y vuelta) a pesar de que la carretera es la misma que usaban antes;
quienes van de Atenas a Pozón pagan también ¢900 a pesar de que su trayecto
si es una carretera nueva… Además toda
esta gente que usa la ruta 27 está pagando doblemente por la carretera. Se les cobra la misma cantidad de colones por
litro de combustible por concepto de impuesto para carreteras y además deben
pagar los peajes.
En un país pequeño como Costa Rica asilar porciones de la
red vial es ineficiente. Siempre se
requerirán salidas y entradas que harán elevadísimo el costo de hacer exclusivo
el uso del trayecto.
En síntesis, tratar de imprimir la característica de
excluyente a un bien inherentemente público como la red vial nacional, genera
una serie de complicaciones absolutamente innecesarias que se evitarían si el
cobro se hiciera como lo pensaron los abuelos, indirectamente vía el
tradicional impuesto a la gasolina.
El cobro vía combustible evita establecer barreras físicas,
los traslados se hacen más rápidos y no hay que supeditar el diseño de salidas
un entradas a lo caro o barato que sale colocar las casetas de peaje. Además,
cobrar de esta forma es más justo en el sentido de que paga proporcionalmente
más el que más circula y cuyo vehículo
daña más las calles. Incluso, vía
gasolina se castiga al carro menos verde y se premia al más verde.
Los peajes deberían reservarse para otro tipo de fines. Por ejemplo para internalizar el costo de las
externalidades negativas que causan las presas en horas pico. Eso se hace cobrando por el acceso a zonas
altamente transitadas a las horas de mayor tráfico.
Para pagar las carreteras ya tenemos la herramienta adecuada. El problema es que es impopular subir
impuestos. Políticamente es una mejor
estrategia joder en grande a un grupito que subirle dos pesos a la gasolina de todos. Sin embargo es claro que a nivel país es
mucho más eficiente hacer el cobro de un bien público como las carreteras de
una forma indirecta.
Pdt:
Pdt:
Recién me
entero de otra de las “joyitas” que nos metieron con la ruta 27 y que todos los
que usamos ocasionalmente o a diario esa calle tenemos que pagar. Esa concesión está otorgada por valor
presente neto. Esto en términos
sencillos significa que el concesionario cobra hasta que recauda el valor “descontado”
de lo que cuesta la calle más cierta ganancia.
Pues bien, dentro de los flujos que se descuentan para saber cuándo deja
de cobrarse el peaje, se metió un ajuste por “riesgo de tránsito”. Es decir, como las estimaciones de cuántos
carros van a pasar por ahí son solo aproximaciones, existen un riesgo de que
pasen menos carros, ese riesgo tiene un
costo, ese costo se suma al valor de la
calle y lo terminamos pagando los
usuarios de la vía. Ese riesgo no existe cuando se paga la calle
vía impuesto a la gasolina. Es decir, la
genialidad de decidir cobrar la calle vía peajes crea un costo adicional a lo
que es propiamente lo que vale construir la calle. Así nos majamos los ticos los zapatos…
Las carreteras de mi linda Costa Rica. Diay me imagino que los peajes surgieron por una moda que vieron en algún país desarrollado, eso si esos paises tendran super autopistas y ahí se cobran estrictamente todo tipo de impuestos.
ResponderEliminarBueno si es de quitar todos los peajes creo que esta muy buena la idea, en todas hay peligros ya sea porque la construyeron mal, porque los puentes estan falseados, no hay señalización, estan llenas de huecos, de hundimientos, sin iluminación, etc, en pocas palabras son un desastre, una verguenza, que ni para qué.
Osea que se supone que las autopistas reduciran el tiempo para uno llegar a un lugar por medio de estas y un cliente satisfecho paga el costo por transitar por ahí pero en CR actualmente no vale la pena del pago al peaje, a cualquiera le dará chicha tener que pagar eso por un mal servicio.
Si se dejan algunos peajes me parece estaria bien siempre y cuando se le de mantenimiento a la vía tal como se debe, pero diay lo que pasa desde hace mucho y seguirá pasando, ROBAN MUCHO, y conforme el costo de la vida se eleve seguirán robando mas hasta que de verdad se pongan serios, implenten mecanismos modernos y estrictos para recaudar tanto pagos de peajes como impuestos.
Si se suben los impuestos a la gasolina para "arreglar" las calles, diay que puedo decir, que estaria mas o menos de acuerdo pues me opongo los suban que iria igual para los consumidores que viven en las zonas rurales alejadas que si alguna vez van a San José será en caso de suma emergencia como un traslado en una ambulancia y de donde ellos viven no existiran ni carrereras, ni señalización, ni ojos de gatos, ni puentes menos autopistas... Si suben el impuesto a la gasolina para compensar la no existencia de peajes, no se pero en este país de solo cuentos, para no decir "el país de la mentira" como le dice Perrozompopo a cierto país, no me lo creo, seguiriamos de camino al abismo...
No se como es posible que tanto profesional se forma en supuestamente buenas universidades estatales y de afuera y no se nota que implementen cosas positivas para el país, parece que muchos de los profesionales y peor los no estudiados (mayoría de diputados)tienen la misma o peor capacidad de toma de iniciativa o intelecto que una silla... parece que mucha de la gente que lega a puestos altos solo piensan en si mismos, en equipar sus casas, carros, viajes y los demas que "se los lleve el tren"...
A mi parecer hay un error al considerar el pago de bienes públicos o comunes; no solo es con impuestos específicos como el de la gasolina, o el directo como el peaje, sino con impustos generales. Esa es la forma más "perfecta", particularmente cuando el sistema tributario tiene una estructura progresiva. Esa forma se ha venido deconociendo conforme la "mercantilización de la vida" ha venido influyendo cada vez más en el comportamiento social.
ResponderEliminarSe piensa que la mejor forma de organizar la vida social es por medio de los "precios", pero hemos venido sosteniendo en http://www.escudrojo.wordpress.com que esa organización llevada a cabo bajo las leyes del capital, conduce inevitablemente a la concentración y centralización de éste y al dominio del mercado por unos cuantos, con el resultado que la asignación de los recursos sociales (incluyendo los comunes obviamente) no se hace entonces en base a las necesidades sociales, sino en función de los intereses de los más poderosos.
Respetuosamente difiero Escudrojo. En mi opinión la regresividad o progresividad de la política fiscal no debe definirse en el momento del cobro de impuestos (o peajes en este caso) si no al otorgar servicios y ejecutar programas de asistencia social. En otras palabras, se le cobra igual a todos pero se le dan más servicios públicos subisidiados a la gente de menos ingresos.
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